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ecoagente


El puertorriqueño como ente aparte
Por Prof. Yarelis Montero
Col. Nuestra Señora de Lourdes, Carolina
Periodismo Escolar

   Es increíble como Puerto Rico siendo una isla el puertorriqueño parece vivir en otra isla aparte. Somos islas dentro de una isla. Nuestros actos son totalmente ego-centristas, pensando sólo en quejas propias sin pensar que son también colectivas. Es por esto que son tantas las vicisitudes que nos aquejan. En los últimos años el ambiente ha sido tema de discusión en diferentes masas del país. Sin embargo no ha sido protagonista de las primeras planas de periódicos  y ni si quiera ha sido observado como noticia del día. Si acaso nos preguntamos el porqué, simplemente hay una respuesta, el puertorriqueño vive  aislado en una  isla.

   No sólo el problema del ambiente es un tema obsoleto, “cursi” e insignificante para una gran parte de la sociedad puertorriqueña, sino también es a causa de nuestro distanciamiento. Además faltaría mencionar  el famoso tema de la contaminación, de preservar los recursos naturales y aún más el famoso lema, “El ambiente nos toca a todos”. Ese es el problema, que el puertorriqueño no sabe qué es un todo, por qué no existe ese todo. Nada en la vida parece ser íntegro ni completo. Todo es  fragmentado e individualizado. Cuando se intenta llamar la atención del “todo” puertorriqueño, el ambiente no logra encabezar la apertura de un noticiario. Al menos que ocurra un desastre ambiental y sin embargo qué acerca del calentamiento global. Si se le menciona a un ciudadano o no sabe y si sabe se ríe porque ni siquiera tiene idea de sus causas adversas. Para el que todavía en siglo XXI no lo sabe,  el calentamiento global es el aumento de la temperatura de la Tierra debido al uso de combustibles fósiles y a otros procesos industriales que llevan a una acumulación de gases invernadero (dióxido de carbono, metano, óxido nitroso y clorofluorocarbonos) en la atmósfera. Todo provocado por nosotros.
   
   El problema ya sea con la contaminación, la basura, el calentamiento global o el desperdicio de los recursos naturales radica sólo en una cosa: somos islas dentro de una isla. Vivimos nuestra vida, sin importar que esa vida la vivimos bajo el mismo manto de estrellas, bajo el mismo cielo y dentro del mismo ambiente. ¿Acaso no respiramos el mismo aire? ¿Acaso no utilizamos la misma agua? Sin embargo parece todo estar bien, el ciudadano común empieza el día pensando en sus tareas y en lo que quiere. Sale a la calle, se monta en su carro, tal vez mire al lado, y al ver otro carro disimula su mirada y como sea hace tremenda pelea por tomar la delantera olvidando que no es la pelea al carro sino a otro ser humano. ¿Por qué no somos igual de rápidos a la hora de concientizar? No, porque  como vivimos aislados las cosas no nos tocan hasta que nos pasen. ¿Quién creería que el nivel del mar ha subido? ¿Quién creería que por este efecto las costas se achican? Pocos lo saben, y lo saben porque viven en costas y les afecta. Si no afecta no importa. Son tantas cosas que nos aquejan y aún así el puertorriqueño vive como un ente aparte.  La mejor imagen  del puertorriqueño aislado es su retrato en las principales vías del país. Nos comemos la carretera, sin pensar que el de al lado también tiene prisa, que el de al lado también tiene familia.

   Siempre se dice que hay que pensar en el presente, sin un buen presente no hay futuro. Si no cuidamos el presente nuestro futuro se achica más y se hace más lejano. Tal vez nos arropen los cuerpos de agua, tal vez el cemento haga respirar más aire fresco, tal vez en vez de carros compremos botes para movernos o tal vez seguiremos siendo islas dentro de una isla como la caja china. Problemas dentro de problemas, historias dentro de historias y simplemente nuestra idiosincrasia que nos caracteriza se esfuma segundo a segundo a formar parte del pasado que a ser un personaje activo del presente. Si no actuamos en el presente no esperemos  encontrar un futuro, pero como dicen que  la vida es corta pues sigamos viviendo nuestra vida sin pensar en las entrañas de nuestro pueblo y sin prestarle atención a que somos una sociedad en una isla pero no islas dentro de una.

Somos islas dentro de una isla. Vivimos nuestra vida, sin importar que esa vida la vivimos bajo el mismo manto de estrellas, bajo el mismo cielo y dentro del mismo ambiente.